Degradación


DAVID SANTIAGO TOVILLA

Fotografía: Eli Solitas


Las atrocidades que empezaron a desarrollarse, desde el sábado 7 de octubre, en la frontera de Israel y la franja de Gaza, han generado reacciones y opiniones que más demuestran el nivel de degradación humana derivada de la polarización y el fanatismo.


Resulta que los propios protagonistas palestinos condenan la masacre del grupo de poder que mandan en la franja de Gaza: «La acción de Hamás es una acción ilegal e ilegítima. Es ilegal porque va a contra vía de todas las reglas de la guerra en donde se deben preservar a los civiles por fuera del conflicto. Es ilegítima porque no se puede pedir que la comunidad internacional le aplique la ley a Israel que ha cometido crímenes de guerra desde hace 75 años; y hoy, Hamás cometer exactamente lo mismo» declaró Alexander Montero, consejero político de la Embajada de Palestina en Colombia, quien fijó su posición antes de empezar un debate en France 24, el martes 10 de octubre. Una claridad y contundencia opuesta a expresiones acríticas que justifican los delitos a partir de la simpatía con un bando u otro o del corifeo impulsado por los aparatos de propaganda.


Lo anterior también demuestra que los palestinos no son, en su totalidad, el movimiento Hamás cuya incursión en territorio de Israel fue congruente con su naturaleza terrorista. Y, el terrorismo, no es una causa justa sino un proceder inhumano. El Diccionario de injusticias apunta: «La actividad terrorista se caracteriza por la pretensión de imponer unos determinados puntos de vista mediante el recurso a la violencia y la socialización del dolor, generando así una sensación de inseguridad y miedo. Hoy en día el fenómeno terrorista es una amenaza que se nutre de la facilidad de desplazamiento, la interconexión digital y modelos sociales que generan malestar, exclusión u odio». El terrorismo es condenable dondequiera que provenga.


Los terroristas de Hamás masacraron civiles con la clara conciencia de que buscaban una reacción violenta proporcional a sus fechorías. Israel ha caído en la trampa. Pero, así como nada justifica que los jóvenes en un festival musical hayan pagado con su vida los agravios cometidos por Israel, tampoco es justo que, hoy, miles de civiles palestinos paguen las acciones de Hamás.


El conflicto entre los pueblos ha sido alimentado por intereses en uno y otro bando que los ha llevado a construir narrativas irreconciliables, negadoras una de la otra. A buscar el camino de la supresión, el exterminio. Ni judíos ni palestinos merecen ese destino: ambos tienen derecho a vivir y a hacerlo sin el miedo constante a la violencia en Israel o al sufrimiento que durante décadas han vivido en Palestina. Los trinos de la violencia, el avasallamiento, la venganza sólo hacen el favor a Hamás. Es reflejo que, en esta época, importan más los fanatismos militantes, las ideologías, los dogmas que el sentido de humanidad. Algo que mucho se necesitará, ahora, cuando la necesidad de afirmarse de Israel, lleva al indebido avasallamiento de los civiles palestinos que no son necesariamente terroristas de Hamás.


Intereses políticos y religiosos de uno y otro bando han llevado a exacerbar el conflicto hasta este punto, casi a ser irresoluble. Pero un Evangelio dice: «Toda religión que no hace al hombre mejor, no consigue su objeto, y aquélla en la cual cree apoyarse para hacer el mal, es o falsa o falseada en su principio. Tal es el resultado de todas aquellas cuya forma altera el fondo. La creencia en la eficacia de las formas exteriores es nula si no impide el cometer asesinatos y hacer daño a su prójimo de cualquier modo que sea. Hace supersticiosos, hipócritas o fanáticos, pero no hace hombres de bien. No basta, pues, tener las apariencias de la pureza; ante todo es preciso tener la pureza del corazón».


Deshumanización es usar rehenes y a una población indefensa como escudo terrorista; pero también lo es la práctica de tierra arrasada para acabar con el terrorismo.